Charla “Filosofía atemporal para desafíos del voluntariado actual”

Numerosos filósofos han reivindicado el ejercicio de las virtudes como senda segura para alcanzar la felicidad, a la que tendemos todos los seres humanos. Y así se entiende que la acción de voluntariado, que surge de las virtudes y las potencia a la vez, proporcione una gran satisfacción, como puede atestiguar cualquier persona que ha hecho de la ayuda a los demás un estilo de vida.
Cuando la acción de voluntariado brota de lo mejor de uno mismo, se puede ayudar al otro sin menoscabo de su dignidad.
El espíritu de servicio que debe dar lugar al trabajo altruista se encuentra perfectamente definido por Jean Pictet, en sus comentarios a los Principios de la Cruz Roja: “Servir quiere decir dar, sacrificar una parte de sí mismo, de lo que se posee, en favor de otros., escribió Jean-G. Lossier. Según él, es necesario, en primer lugar, conocerse, encontrarse a sí mismo, único medio de conocer y de encontrar a los demás. Es muy cierto que cuanto más grande sea nuestra riqueza interior, más frutos producirá nuestro trabajo. Si no hay luz en nosotros, ¿cómo iluminaremos el camino?”
