Por una Internet solidariaEn los debates que se organizan en ámbitos académicos sobre la globalización y sus ambigüedades, aparece siempre, de una manera o de otra, el uso de las tecnologías de la información y, más concretamente, las funciones que la red de redes, Internet, tiene asignadas en el diseño de ese macroproyecto de la sociedad.

Sin embargo, en este, como en tantos otros asuntos que afectan a la vida colectiva, son más fuertes las representaciones que surgen de la imaginación etnocéntrica que las realidades, que no siempre sirven de contrapunto a los sueños.

Nos estamos acostumbrando a creer que efectivamente Internet es una red extendida por todo el mundo y sin embargo, una mirada atenta a la procedencia de sus usuarios, o a la de quienes se benefician de ella nos confirma que son los países más ricos, los poderosos de la tierra los que de verdad controlan los nudos de la potente tela de araña. Y si hacemos una reflexión sobre a quién corresponde tomar las medidas para que quienes más necesidad tienen de que se conozcan sus problemas y se canalicen globalmente las posibles soluciones, veremos que, tal como sucede en otros ámbitos, el poder real se concentra en muy pocas manos.

Cabe preguntarse qué podemos hacer quienes pensamos que Internet no está solamente para favorecer los negocios ilegales sucios o los afanes calumniadores, o simplemente una nueva manera de emplear el tiempo y la búsqueda de evasiones. La respuesta sería una decisiva apuesta por la solidaridad, de partida y después la acción de compartir y difundir por la red cuantas iniciativas consideremos positivas para que pueda llegar a todas partes el beneficio de la aldea global, tan injustamente repartido hasta ahora. Este es un compromiso que debemos asumir con decisión.

Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.
Más información Aceptar