Responsabilidad social de los filósofosQuerer que las cosas vayan mejor a nuestro alrededor, que haya más justicia, que quienes están cerca de nosotros sean felices, son deseos legítimos que todos albergamos, aunque no tengamos demasiadas ocasiones de expresarlos. También es cierto que los posibles caminos para llegar a tales metas adquieren itinerarios muy diferentes en cada caso. Cada cual, según su ideología, intenta encontrar el suyo, con la ilusión de demostrar que es el válido, el eficaz.

Lo malo es que  empiecen a ser numerosos quienes piensen que no se puede hacer nada para cambiar el rumbo de las cosas, cuando intuimos que no nos lleva a donde queremos y se instale el escepticismo y la indiferencia como consecuencias inevitables.

Quienes pretendemos ejercer nuestra condición de aspirantes a la sabiduría no nos podemos permitir ese dudoso “lujo” de volver las espaldas a lo que sucede en nuestra sociedad, refugiándonos en nuestra torre de marfil, metáfora de un individualismo egoísta, aunque quizá cargado  de buenas intenciones.

Cabe recordar las recomendaciones del sabio Confucio en el sentido de hacernos comprender que la virtud del individuo es la virtud de la sociedad, es decir que todo cuanto hagamos por ser mejores personas, mejores ciudadanos es un bien que redundará en los demás. Y también el ejemplo de tantos otros que nos dejaron sus obras iluminadoras y el ejemplo de su compromiso con su ciudad y su tiempo.

Para un filósofo, que pretende ser consciente de aquellas realidades que afectan a sus semejantes y a la época que le ha tocado vivir, no cabe el escepticismo ni la indiferencia. Es necesario ejercer la responsabilidad social y comprometer esfuerzos y acciones para conseguir aportar algunas soluciones, por muy pequeñas que parezcan.

Así lo asumen  los cientos de voluntarios que se vienen incorporando a los programas que desarrolla nuestra Asociación en diferentes ámbitos de acción social, educativa, cultural, medioambiental. Filósofos responsables, capaces de investigar, hacerse preguntas, buscar respuestas y aportar soluciones. Son pequeños esfuerzos cotidianos que se van sumando, como los granos de arena, a los de quienes se atreven a soñar con un mundo mejor y no ceden ante el desaliento,  la soledad o la indiferencia de los escépticos.

Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra página web. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies.
Más información Aceptar