La Cultura de San AgustínLa región de san Agustín está situada en la zona meridional de Colombia, en la vertiente oriental de la Cordillera Central Andina. Dispersas por valles y colinas aparecen abundantes huellas de un pueblo prehistórico, único en el mundo en algunos de sus aspectos.

La primera descripción de sus tesoros artísticos aparece en una obra del español fray Juan de Santa Gertrudis, en 1757. Desgraciadamente, sus escritos permanecieron inéditos en su convento hasta que vieron por fin la luz en 1956.

Unos cuarenta años después que el español, en 1797, el sabio colombiano Francisco José de Caldas visitó el lugar, publicando una somera descripción del mismo. Pero quien verdaderamente dio a conocer al mundo la importancia de la cultura agustiniana fue el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss, que trabajó en la zona en 1913.

En 1936 el arqueólogo José Pérez de Barradas efectuó las primeras excavaciones colombianas. Se localizaron unos 30 lugares arqueológicos importantes, como Las Mesitas, el Alto de Lavapatos, Alto de Lavaderos, Alto de los Ídolos, Quinchana y El Vegón.

Cronológicamente se pueden establecer tres períodos: el primero, más o menos del 555 a.C. al 425 p.C., caracte-rizado por tumbas con cámaras laterales, ataúdes y esculturas de madera y comienzo del trabajo del oro. El segundo, del 425 al 1180, se caracteriza por las urnas y montículos funerarios, sarcófa- gos monolíticos, enterramientos por cremación y gran estatuaria. El tercero, del siglo XII a fecha no determinada, se distingue por las casas circulares y la escultura realista.

No se conocen exactamente las relaciones con otras culturas. Se supone que hacia el 500 a.C. llegó a la región una corriente cultural procedente de Mesoamérica.

Las particularidades de la escultura San Agustín son la boca de las estatuas con grandes colmillos, el «doble yo» sobre la cabeza, las cintas que salen de la boca. Oscilan entre 40 centímetros y 4 metros de altura. Son ideoplásticas, pero al mismo tiempo con evidente intención realista. Las cabezas son grandes, el cuerpo rechoncho, los miembros cortos. Boca grande, a veces en hocico. Los ojos son almendrados, circulares, cuadrados o sugeridos.

Poseen un grandioso sentido de la masa, el plasticismo escueto, la variedad de los detalles.

Son misteriosas deidades que nos acechan entre la maleza. Guardan el secreto de los hombres que las tallaron.

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