¿Podemos pensar absolutamente solos, sin ninguna influencia? Creo que no, que nadie tiene esa capacidad, sino que, en todo caso, podemos asumir ideas de otras personas que se ajustan tanto a las nuestras como para que lleguemos a sentirlas decididamente propias.

Cambios de personalidadFrente a algunos de los problemas que aquejan a las sociedades actuales, se han elaborado una buena cantidad de estudios sobre los cambios que la personalidad humana puede llegar a experimentar. Y eso, evidentemente, nos interesa a todos.

Crecer en memoria e imaginaciónA unos cuantos siglos de distancia es sumamente interesante unirse a esta revolución. Empezando por acrecentar nuestra memoria, o en otras palabras, saber vivir, no pasar por la vida transitando como el viento, sino recogiendo experiencias, no teniendo miedo a atesorarlas y asimilarlas, extrayendo de ellas todo lo que nos interesa.

Se llama Eclecticismo a la posición filosófica que, sin objetar a priori cosa alguna, las analiza y contempla, las compara y relaciona, a fin de buscar las mejores, para destacar finalmente la más calificada como digna de aceptación.

No se puede hablar de filosofía sin hablar del filósofo: no se puede mencionar el mundo de las ideas sin hablar del hombre que es capaz de vivir esas ideas. Así, si tuviésemos que destacar una de las características fundamentales del filósofo, del hombre de Sabiduría, diríamos que reúne las condiciones del eterno buscador. Es un hombre de conquista, que dejará de buscar cuando, por fin, llegue a la Sabiduría; y no sabemos si entonces buscará otras cosas, hoy incompresibles e inasequibles para nosotros.

El Universo como respuestaFrecuentemente hablamos de las estrellas, de los planetas, de los animales, del cielo, de la tierra, del agua, de la nieve y olvidamos el sentido real y el significado de la palabra Universo. El hombre se pregunta sobre el conjunto de la naturaleza, donde él mismo está imbricado, pero suele perder la idea central a que se refiere.

Aunque digan que la filosofía es impráctica y que no sirve para nada, nos reafirmamos diciendo: las grandes preguntas, las grandes inquietudes... ¿Dónde se contestan? ¿Qué hacemos con aquello que nos asalta cuando uno se encuentra a solas consigo mismo: y por qué la vida, y por qué la muerte, y por qué el dolor, y por qué envejecemos, y por qué nos pasan las cosas que nos pasan? ¿Por qué hay sufrimiento, y por qué se puede pasar del sufrimiento a la alegría y de la alegría al sufrimiento, y qué es lo que nos conduce como un viento de una cosa a otra? ¿Por qué tenemos temores y por qué dudamos...?

¿Hacia dónde se dirige nuestro Mundo?Como de costumbre, ante esta pregunta, surgen dos posiciones radicales, opuestas e irreconciliables: el pesimismo más grande y desesperanzado y el optimismo más fantástico e ingenuo. El infierno o el paraíso.

La Filosofía: el FilósofoEn este terreno no pretendemos ser originales, sino simplemente nuevos; mientras lo original busca diferir de lo conocido, lo nuevo da vida una y otra vez a los mismos valores esenciales. Por eso Nueva Acrópolis define la FILOSOFÍA como siempre se ha hecho, como "Amor a la Sabiduría", como una necesidad impostergable de alcanzar aquello que nos falta, como la búsqueda de un conocimiento profundo que satisfaga realmente las más agudas inquietudes humanas.

El filósofo requiere la aprobación de su conciencia. Pero, cuidado, no llamemos conciencia a los simples apetitos, a las dudas sin respuesta, a las debilidades, a la sinrazón. Para que la conciencia pueda hablarnos y señalarnos lo que es conveniente o no, antes debe despertar como tal conciencia. Antes uno debe haberse cultivado en el desarrollo de la fortaleza moral, del discernimiento, de la catarsis de los sentimientos.

¿No es evidente que existe, o mejor dicho, tiene que existir, una «Inteligencia Cósmica», que... actúa en todas las cosas, aun en las para nosotros invisibles e inconcebibles? Existe, entonces, un Plan de Acción que se traduce en una Ley Universal... Esta Ley o conjunto de leyes es también llamada «sentido de la vida»; es la dirección del sendero de la evolución.
Jorge Ángel Livraga

PlatónA menudo nos preguntamos qué es lo que merece la pena vivirse, pues muchas veces tropezamos con la ya conocida expresión de «esto no merece la pena». Es como si la vida nos pusiera delante un surtido escaparate en el cual debemos elegir entre aquellas cosas que tienen interés para nosotros, y las que importan poco y nada.