Nuevo año con un viejo amigoTodos tratamos de empezar el año cerca de nuestros seres queridos, de las cosas mas gratas y preciosas para el corazón. Y desde esta página, quiero también comenzar un nuevo ciclo, junto a mis lectores, de la mano de un viejo y un tanto olvidado amigo: la Filosofía.

No somos tontosEn honor a la tolerancia, que debe ser el factor sobresaliente de la filosofía, me duele tener que escribir así acerca del mundo que nos ha tocado vivir. No soy de los que piensan que este mundo es negativo, y que todo tiempo pasado fue mejor; ni tampoco de aquellos que postergan la felicidad para un futuro que no podemos precisar.

miedoVarias veces lo hemos dicho, y no está de más volverlo a repetir: el hombre está enfermo de miedo, y las consecuencias de esta enfermedad se manifiestan en nuevas y peores dolencias que aparecen día a día.

El intelectualismoUna de las tantas enfermedades –y bastante grave- que aqueja al hombre actual es el intelectualismo. De este mal pueden decirse las mismas cosas que otros varios: que ataca a determinados tipos de seres vivos en determinadas condiciones, y que suele aparecer en edades determinadas; no se conoce la causa que lo produce, y los remedios aplicados se encuentran en vías de ensayo, con éxitos y fracasos alternados.

En las nubes...Después de varios días fuera del país, y casi sin oportunidad de recibir noticias actualizadas, regreso por fin en un avión, en medio de gruesas nubes, con una inmensa franja luminosa por encima de ellas.

Hace falta una verdadera comunicaciónResulta desconcertante, cuando no molesto, comprobar hasta qué punto de incertidumbre nos llevan las actuales formas de pensamiento, sea en lo social, político, económico, religioso, científico, artístico, filosófico, precisamente en una época que se vanagloria de haber logrado un elevado índice de comunicación y diálogo en buena parte del mundo.

La libertad de los filósofosEs difícil y hermoso a la vez poder ser filósofo, aunque en esto, como en todo lo demás, existen evidentemente grados de perfección. Ha habido seres excepcionales que marcaron momentos inolvidables en la historia; los ha habido, los hay y los habrá más humildes y escondidos que, sin acceder a la fama, han entregado también su vida a la noble búsqueda de la verdad y a la transmisión de sus hallazgos.

¿Cuáles son los conocimientos que pueden paliar el dolor?Son muchas las doctrinas, tanto filosóficas como religiosas, que nos enseñan que el sufrimiento cesa con el conocimiento. Y esta afirmación, que creemos entender en alguna medida, nos lleva a plantearnos algunas preguntas: ¿cuáles son los conocimientos que pueden paliar el dolor?, ¿qué límites tienen esos conocimientos? Es evidente que no todos los conocimientos sirven para traer la felicidad a los hombres; también es evidente que si el conocimiento tuviese límites, también el dolor sería limitado...

Delia Steinberg Guzmán Según nos indican los conocedores del lenguaje, glosar es explicar textos oscuros. Y comentar es explicar algo para que se entienda mejor. No pretendo poner luz en la oscuridad ni comprensión donde no la hay, sino apenas tomar algunas frases de aquí y de allá, del profesor Jorge Angel Livraga para detenerme en ellas.


Remontar un río cuando éste baja hacia el mar.
Enfrentar las olas que van a deshacerse en las playas.
Caminar de frente, dando la cara al viento.
Ayudar a la Naturaleza cuando todos tienden a ensuciarla y destrozarla.
Valorar la vida cuando todos parecen trabajar a favor de la muerte.
Mirar los árboles, los animales y las piedras con el mismo respeto que a los humanos.

Novedad y EternidadQueremos hoy concederle el sitio de nuestras observaciones a la nunca bien ponderada NOVEDAD. Es la novedad un afán casi incontrolado que obliga al hombre a los cambios más inauditos con tal de que las cosas que hoy ostenta no tengan nada que ver con las que ayer mostraba.

El lenguaje, reflejo de nuestro mundo interiorMuchas veces nos hemos preguntado cuál es el valor del lenguaje...
Aceptamos cómodamente la definición de que el lenguaje es una forma de expresión vertida hacia el exterior de nuestro mundo interior, pero aceptada esta definición, nada hacemos para comprobar si es verdadera o si, por lo menos, no siéndolo, podemos tornarla verdadera.