Volver a los clásicosEn el largo camino de búsqueda del sentido hay lugares de remanso, donde poder calmar las ansiedades y los desconciertos. No se pueden localizar físicamente, o quizá sí, porque en sentido estricto pertenecen al territorio mental donde se forjan los descubrimientos espirituales que aportan cierto "valor añadido" a la vida de todos los días. La experiencia nos va orientando en nuestro tránsito por los laberintos y cuando más necesitados estamos de nuevas propuestas, nos suele conducir a la compañía de los clásicos.

Buen comienzoHay momentos en el año especialmente dotados para hacernos sentir que comenzamos, que tras el desgaste de las rutinas y los cansancios podemos empezar una nueva página en blanco del libro de nuestra vida, y éste, del año nuevo es uno de los más privilegiados. Por algo, en su propio nombre, Enero, lleva el significado de una puerta que se abre, de un inicio, una expectativa hacia el futuro.

Hoy es el primer día del resto de nuestra vidaComo si de un ritual establecido desde antiguo se tratase, cada comienzo de año solemos desearnos que ese nuevo ciclo del tiempo que se inicia nos traiga toda clase de bienes. Desde nuestro boletín nos sumamos a esa tarea de difundir buenos deseos a todos nuestros pacientes lectores, pero también, como aprendices de filósofos, proponemos una breve reflexión sobre el tiempo y los intentos humanos por contenerlo, por dominarlo o incluso por descubrir sus secretos.

Encuentro con los librosEstos días ya cortos del otoño, en muchas ciudades, se instalan ferias de libros antiguos y de ocasión, cita ineludible de los amantes de la lectura. El mercado editorial, tan voraz y agresivo como todos los demás, arrincona a los almacenes muchos títulos valiosos que no consiguieron despertar la demanda de los compradores de novedades con la rapidez necesaria y ahora resurgen, apareciendo entre las estanterías de las casetas, como una segunda oportunidad de encontrarse con sus legítimos destinatarios.

SonrisaLa consideración moderna acerca del humor ha cambiado enormemente. El humor y la risa son considerados como actitudes propias del hombre, y que nos diferencian de los animales. El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: "¡Bonita forma de comenzar la semana!". El humor es una afirmación de dignidad, una declaración de superioridad del ser humano sobre lo que acontece.

Destacados científicos dicen que con el humor y la risa se puede escapar de las enfermedades, inclusive de los males crónicos. Mediadores químicos cerebrales como la serotonina o las endorfinas que el cuerpo segrega, generan una sensación de euforia que alimenta al organismo con una pequeña dosis de alegría cuando una persona ríe.

Reímos por muchos motivos. Pero ¿qué es lo que realmente nos hace gracia, y por qué? Un poeta y una neuróloga buscan dilucidar el misterio de la risa, ese gesto exclusivamente humano.

Muchos han adscrito a la comedia una función socialmente terapéutica. El mayor partidario de este punto de vista en época reciente fue el filósofo francés Henry Bergson, que pensaba que la existencia de un orden social depende de que sus miembros mantengan en sus opiniones y conductas una actitud ante la vida flexible y vital. Creía que, en última instancia, lo que nos hace reír son las situaciones en que alguien se ha vuelto inflexible hasta el punto de perder su elasticidad social, cuando el lugar de la respuesta vital ante la vida lo ha tomado una rigidez maquinal.

Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: Uno, hacerse el idiota, el otro, serlo
Enrique Jardiel Poncela

Cuando en una ocasión le preguntaron a San Agustín qué hacía Dios antes de crear el mundo, contestó: “Estaba creando un infierno para las personas que hacen preguntas como esa”.

Diógenes fue uno de los más destacados filósofos de la escuela cínica. Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad, aunque esto solo era posible mediante una rigurosa disciplina física y mental.

Cierta mañana, Nasrudin envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí: