En ese continuo movimiento que es nuestra vida nos vamos encontrando con una enorme variedad de seres humanos. Ni aun el más solitario o misántropo puede evitarlo, tal es evidencia. Unos se quedan a nuestro lado mucho tiempo, casi todo, otros se esfuman tras pasar con nosotros temporadas, a veces muy intensas y no volvemos a saber más de ellos, ni siquiera nos los encontramos por la calle, con lo fácil que es en una ciudad de tamaño todavía abordable como la nuestra.

La gran escapadaSi hiciéramos caso a los mensajes publicitarios que nos inundan en esta época del año, tendríamos que pensar que el mundo se ha detenido y todos nos hemos ido de vacaciones, es decir, hemos abandonado nuestra escena cotidiana y hemos escapado al país de nunca jamás, a salvo de las incómodas obligaciones y deberes.

Por los que actúanEn ese territorio ignorado y olvidado, trabajan innumerables seres humanos, que mantienen viva la llama de la esperanza en que las cosas pueden ir mejor para todos. No los veremos ocupando titulares, porque muchos piensan que su labor debe seguir siendo callada y algunos la calificarían como insignificante. Y sin embargo, sostienen en lo profundo  a toda la sociedad.

El regreso del mitoSe está produciendo un interés renovado por los mitos, tal como se puede comprobar en las numerosas ediciones que se vienen ofreciendo en librerías y quioscos. Hemos tenido constancia de ello también en la temática de las charlas y tertulias que ofrecemos en nuestras sedes, a las que suele asistir un público joven y atento. Proponemos recurrir a ciertas precisiones sobre lo que entendemos por la palabra mito, pues la utilizamos de manera equívoca: como palabra con contenido que remite a una determinada realidad, aunque no sea la cotidiana, y como todo lo contrario, un mito es una mentira, algo que no significa nada, un engaño, una falsa creencia. Sin olvidar el antiguo enfrentamiento u oposición entre el mithos y el logos, lo cual apunta a una diferencia de matiz entre dos formas de conocimiento.

Sentir la naturalezaEstamos tan sumergidos en los infinitos artificios, tan valorados y buscados en esta época de desarrollo tecnológico, que estamos perdiendo las viejas habilidades de percepción que nos proporcionan nuestros sentidos. Nos hemos acostumbrado a mirar el mundo a través de una cámara de fotos, de vídeo o últimamente desde el objetivo del móvil, que también nos sirve para comunicarnos a distancia y en todo momento; nos asomamos a la realidad a través de las autopistas de la comunicación, más o menos veloces... Los ruidos de nuestras ciudades nos recuerdan que tampoco sabemos vivir sin automóviles, que nos transportan a cualquier sitio... No sabemos estar sin esos aparatos, extensiones de nuestros órganos sensoriales, que diría MacLuhan, aparatos que, por otra parte, hemos de reconocer que nos proporcionan no pocas soluciones a los problemas que se nos presentan.

Comienzo de Curso

El otoño del hemisferio Norte nos trae invariablemente un nuevo ciclo marcado por el comienzo de curso. Mientras que en las sociedades rurales son las labores del campo las que marcan los signos de las estaciones, en la nuestra, más urbana y presuntamente ilustrada, otoño significa el inicio o la reapertura del curso que de una manera o de otra nos convoca a todos, seamos o no estudiantes o docentes.

El pajarillo perdidoNo todos los habitantes de la ciudad somos seres humanos, tan afanosos en hacer desaparecer los vestigios de la naturaleza y rodearnos de rígidas moles de cemento. A menudo nos olvidamos de esos otros moradores, alados y ruidosos que, desde que entra la primavera, revolotean por los espacios abiertos de nuestras calles. Es tan escasa nuestra familiaridad con ellos, que la mayoría de nosotros no sabemos distinguir entre la variedad de sus especies y desconocemos casi por completo sus costumbres cotidianas. Tampoco sabemos descodificar los mensajes que se envían en un lenguaje que desde antiguo se tenía como maravilloso y los que lograron entenderlo eran considerados sabios poseedores de misteriosas claves. Por lo general, a lo más que llegamos es a dejar que capten nuestra atención sus gorjeos y sus inquietos ires y venires, en esos instantes en que somos capaces de escuchar un poco más, o de mirar un poco más. Vivimos en mundos paralelos, que no llegarán a encontrarse, salvo que se produzca una de esas interferencias, o sincronicidades fortuitas con que la vida nos sorprende a veces.

En busca de la realidad
Cada vez con más intensidad, nos vemos inmersos en un universo de ficción, que se nos impone, en sustitución de un mundo real, que nos parece cada vez más lejano e improbable, a medida que vamos descubriendo los encantos de las cosas que halagan nuestros sentidos y responden a nuestros impulsos. Por momentos percibimos que alguien decide por nosotros, y nos hace ver las cosas de una determinada manera, sin dejarnos la posibilidad de reaccionar.

Espíritu navideñoAhora que se encienden tan pronto las luces navideñas en las calles y almacenes de las ciudades y los más variados objetos del lujo se ofrecen, casi obscenamente, a la codicia de los viandantes, se dan a conocer por estas fechas nuevos datos sobre la pobreza en el mundo que invitan a la reflexión.

Filosofía en la calleEn las ciudades mediterráneas, los otoños ya fríos regalan escenas atemporales algunas mañanas soleadas de los días de descanso. Son momentos para la observación de las gentes, que se reúnen de manera aleatoria en las plazas, al pie de los nobles monumentos, buscando la tibieza de los rayos del sol, dorados y fugaces, que atraviesan las altas copas de los árboles, ya sin hojas, tras los días de viento.

Filosofía para el laberintoEn el inmenso laberinto que es Internet, pretendemos tender un puente a los buscadores que son capaces de atisbar en la Filosofía un camino vital y sugerente, que nada tiene que ver con las acepciones aburridas y elitistas que se han atribuido a esa palabra, que sigue significando Amor a la Sabiduría, tal como el viejo Pitágoras nos la definió hace siglos. Nos proponemos recuperar ese sentido original del filosofar, como una actividad propia de todo ser humano, una conquista del individuo hacia la conciencia de sí mismo y del sentido de la vida y demostrar que todo el legado de sabiduría que hemos recibido de los filósofos contiene valiosas claves de interpretación que nos orientan en el caos y el desconcierto de la existencia.

Invitación a la filosofíaUna buena parte de la actividad de nuestra Asociación se dedica a cumplir la indicación socrática de que hay que animar al ejercicio de la Filosofía, recomendando en todo momento su práctica. Tal indicación fue seguida con diligencia a lo largo de los siglos, como bien nos enseña Pierre Hadot en su muy recomendable obra titulada “Ejercicios espirituales y filosofía antigua”, que ha editado recientemente en España Siruela.