Resuenan tus pasos
como en el tiempo la arena,
Caballero de Amor
de muerte y de entrega.
Espada del Mundo
que apaciguas sendas,
tu peso, mi calma,
tu metal, mi entrega.

Te amo en mi alma
que quiere ser guerra,
de sonora paz,
que anuncia tormenta.

Te busco en mi estancia
te rezo en mi almena,
te espero en mi muerte
en la árida estepa,
donde los sueños forjamos
donde el Ideal espera.

En algún lugar lejano,
en un tiempo cuya hora
sólo conoce el Destino,
se ha de mostrar la verdad
de quienes somos.

Por entonces,
no habrá nada que distraiga
la intensidad del abrazo,
ningún velo de ansiedad
ni una nube tan siquiera
estorbará
los instantes entrañables
en que mires a mis ojos
limpiamente.

Bajo el signo de la Luz
caminaremos unidos
y a la par recordaremos
la experiencia,
roto por siempre el hechizo.

Fuiste Lobo y yo Halcón.
¡Cuántas veces
la arrogancia sosegada
de tu Lar
dio cobijo inteligente
al batir acompasado
de mis alas!

En tiempos de oscuridad
fuiste la hoguera encendida.
Como un tesoro tranquilo
que tropecé sin buscarlo.

Tú eras Lobo solitario.
Te atraía desde lejos
el perfume de la Dama,
su misterio, que de cierto
te envolvía.

Dime aún,
¿está escrita la mañana
en que caigan los disfraces?
Bajo el signo de la Luz,
te acercarás a besarme...

Lo profundo contra lo vano
El sentimiento contra la emoción
La paz contra la guerra
El orden contra el caos
El amor contra el amorío
La pluma contra la inercia
La reflexión contra la opinión
La vocación contra la supervivencia
Lo bello contra lo zafio
La generosidad contra el interés
La tranquilidad contra la prisa
Lo eterno contra lo fugaz...

Margarita Agulló

Poesía es lo que siento,
cuando algún presentimiento
me hace suspirar.
Poesía es admirar
las nubes que corren,
los copos de nieve
como avecillas locas,
deseando posarse cuanto antes.

Calidad de vida: Una visión integralCuando nos cuestionamos sobre la calidad de vida y sobre la manera de optimizarla, así como de incorporarla como norma comunitaria, nos estamos preguntando acerca de la necesidad de una Calidad Integral como mecanismo de respuesta al gradual pero creciente nivel de deterioro de la convivencia social.

La búsqueda de una civilización naturalLas comunidades humanas han tratado desde los más antiguos tiempos de convivir con la Naturaleza. Se sentían parte de la misma y la figura mental de la madre física se fusionó siempre con la de la Madre del Mundo, siendo así las Deidades femeninas más antiguas que las masculinas en cuanto a la importancia de su culto. Un "Secreto Instinto" avisaba al Hombre, desde las mismas entrañas de su conciencia, de que su imperio sobre los minerales, vegetales, animales, distancias y tiempos, estaba atado inexorablemente a su entorno cósmico y que su propio cuerpo y psique eran también componentes de esa Naturaleza, cuyo origen ontológico no era otra cosa que Aquello superior a toda dualidad y a todo razonamiento discursivo que hoy llamamos Dios. Así, Dios-Naturaleza-Humanidad formaron la Primera Tríada de todos los cultos, desde los predinásticos egipcios hasta el mismo Cristianismo.

Los peligros de ser individualistaEn el mundo de los idealistas existe un peligro, que, agazapado y disimulado, se convierte tarde o temprano, en la propia destrucción de los idealistas.
Ese peligro es el exagerado y mal entendido individualismo.

¿Es hora de olvidar?Es hora de olvidar...
Este parece haberse convertido en el "slogan" de los hombres en los últimos tiempos. Y en verdad nos conmueve el hondo contenido de comprensión que encierra esta bella expresión.
Indudablemente la vida está llena de tropiezos, de experiencias dolorosas, de males a veces inevitables que hacen llenar los ojos de lágrimas de sólo pensar en ellos. Y por eso nos parece loable el intento de dejar atrás el sabor amargo y los rencores que llenan el corazón y dificultan la acción.

Un Ideal de Vida para el Siglo XXI El hombre de nuestro siglo XXI se ha hecho a la idea de que debe "hacer" todas las cosas nuevas y desde un principio, y así, desde hace tiempo, trata de forjar un Ideal que le ayude a sobrevivir. Sin embargo, y debido a la aceleración de los tiempos que nuestra misma cultura provoca, el hombre del siglo XXI no puede ya perder sus instantes en "inventar" cosas nuevas. Su mismo sentido de practicidad que le lleva a desenvolverse tan bien en el mundo de la materia, debería indicarle la forma de ahorrar energías y atesorar inteligencia en los mundos espirituales. Entonces, para nuestro hombre, se impone un aprovechamiento total de la experiencia habida, en cuanto ella tiene de útil y aplicable.

En el momento precisoEl tiempo no siempre es un recuento de acontecimientos más o menos previsibles, en progresión lineal, sino que a veces acelera su ritmo y se deja interrumpir por lo inesperado, lo que se encontraba fuera de los pronósticos más certeros. La consecuencia es siempre el cambio y sus protagonistas suelen ser aquellos que estaban en el lugar y en el momento oportuno, como fruto de una actitud, abierta a las posibilidades, más ligera y libre que la de los que se aferran a la tarea de tenerlo todo controlado.

La comunicación animal y humanaPero la comunicación no es solo una posibilidad del hombre.
Si antes de entrar en el campo psicológico, nos permitimos, aunque sea brevemente y de modo general, filosofar acerca de la comunicación, habremos de reconocer que hay un mínimo indispensable para que ésta sea posible, y es la existencia de un emisor.
Para que exista la comunicación debe haber, como mínimo, una dualidad. En la unidad no hay comunicación. Uno no comunica, no podría hacerlo. La comunicación existe a partir de dos, pudiéndose incluir o extender, desde aquí, a los varios o a los muchos.

Hacia un nuevo nomadismoEl hombre «se detiene» de su marcha nomádica, no sólo para encontrar un medio ambiente apto, sino porque «encuentra un nuevo tiempo» que andaba buscando. Agotadas y culminadas sus energías físicas, ahora cede el paso a otras más sutiles: las mentales y las espirituales.