En algún lugar lejano,
en un tiempo cuya hora
sólo conoce el Destino,
se ha de mostrar la verdad
de quienes somos.

Por entonces,
no habrá nada que distraiga
la intensidad del abrazo,
ningún velo de ansiedad
ni una nube tan siquiera
estorbará
los instantes entrañables
en que mires a mis ojos
limpiamente.

Bajo el signo de la Luz
caminaremos unidos
y a la par recordaremos
la experiencia,
roto por siempre el hechizo.

Fuiste Lobo y yo Halcón.
¡Cuántas veces
la arrogancia sosegada
de tu Lar
dio cobijo inteligente
al batir acompasado
de mis alas!

En tiempos de oscuridad
fuiste la hoguera encendida.
Como un tesoro tranquilo
que tropecé sin buscarlo.

Tú eras Lobo solitario.
Te atraía desde lejos
el perfume de la Dama,
su misterio, que de cierto
te envolvía.

Dime aún,
¿está escrita la mañana
en que caigan los disfraces?
Bajo el signo de la Luz,
te acercarás a besarme...