Oh! Alma, que aspiras con la mente angélica
el aroma favorito de Dios.
Tú, que nutres de luz al resplandor,
y acudes paciente a la rebelde materia,
esa hija huérfana de tu aliento
que reniega de tu ardor inmortal,
y tú, nudo viviente, esperas
que ascienda contigo al Amor.
Tú, eterna mensajera,
que habitas en los mortales
siendo inmortal,
móvil en apariencia,
pero inmóvil tu auténtica esencia.
Anhelas, susurras, aguardas
romper la prisión pasajera.
Porque sabes que tu eres la reina
y tu trono no es terrenal.