Amado Nervo

Espíritu que no hallas tu camino,
que hender quieres el cielo cristalino
y no sabes qué rumbo
 has de seguir, y vas de tumbo en tumbo,
llevado por la fuerza del destino.

¡Detente! Pliega el ala voladora:
¡buscas la luz, y en ti llevas la aurora!
Recorres un abismo y otro abismo
para encontrar al Dios que te enamora,
¡y a ese Dios tú lo llevas en ti mismo!

¡Y el agitado corazón latiendo,
en cada golpe te lo está diciendo,
y un misterioso instinto,
de tu alma en el oscuro laberinto,
te lo va noche a noche repitiendo!

...¡Más tú sigues buscando lo que tienes!
Dios, en ti, de tus ansias es testigo;
y, mientras pesaroso vas y vienes,
como el duende del cuento, Él va contigo.

 

Dios te libre poeta

Dios te libre, poeta,
de verter en el cáliz de tu hermano
la más pequeña gota de amargura,
Dios de libre poeta,
de interceptar siquiera con tu mano
la luz que el sol regale a una criatura.
Dios te libre, poeta,
de escribir una estrofa que constrite;
de turbar con tu ceño
y tu lógica triste
la lógica divina de un ensueño:
de obstruir el sendero, la vereda
que recorra la más humilde planta;
de quebrantar la pobre hoja que rueda;
de entorpecer, ni con el más suave
de los pesos, el ímpetu de un ave
o de un bello ideal que se levanta.
Ten, para todo júbilo, la santa
sonrisa acogedora que lo aprueba:
pon una nota nueva
en toda voz que canta;
y resta, por lo menos,
un mínimo aguijón a cada prueba
que torture a los malos y a los buenos.